8 DE MARZO DIA DE MUJER LA TRABAJADORA. Y NOSOTROS..¿QUE HACEMOS POR LA IGUALDAD?

Cal "Deconstruir-nos" i "Recontruir-nos"...

PUDIERA parecer que, a lo largo de estos últimos años, se ha avanzado en materia de igualdad de género en nuestra sociedad. Es cierto que la Constitución Española reconoce la igualdad ante la ley de hombres y mujeres y que se han promulgado leyes encaminadas a resolver la desigualdad intrínseca a una sociedad patriarcal.

Pero estos avances se sitúan en el ámbito legislativo, que es una de las dimensiones de la realidad, queda por avanzar de igual forma en el ámbito laboral, doméstico, mediático, de relaciones personales y otros, en definitiva, hay que trasladar los acuerdos formales de las instituciones a la realidad.

En esta tarea, toda la sociedad ha sentirse llamada a su consecución. En el caso de las mujeres, mediante la participación y reivindicación desde los diferentes movimientos feministas, se han ido cuestionando los papeles asignados al sexo femenino y generando nuevas formas de ejercer la feminidad, posibilitando reconquistas personales y sociales negadas por el patriarcado: derecho al voto, derecho a viajar solas, derecho a ser persona jurídica con capacidad para obrar, derecho a decidir sobre su maternidad, etc… Aunque no cabe duda que queda mucho camino por recorrer, y se esta en ello.

Pero, ¿y los hombres? ¿En que están contribuyendo y qué pueden hacer para el avance de la igualdad efectiva? Participar, exigiendo igualdad, en colectivo en el espacio público es fundamental. Pero hay una dimensión en esta movilización que es intrínsecamente individual: Los hombres como agentes del cambio hacia la igualdad.

Es difícil “analizar” la identidad masculina, es posible que surja una dificultad para identificarla. Esto responde a que la identidad masculina se ha mostrado y se muestra como “lo neutral”, lo común y aceptado. Y es en base a esta concepción de las relaciones con las demás personas y el entorno como se han forjado los pactos y los cimientos de las sociedades actuales.

Como ejemplo, se puede viajar en el tiempo y detenerse en 1789, momento en que se proclama la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, para observar uno de los elementos claves del patriarcado de esta fase de la Historia. Esta declaración, texto fundamental de la Revolución Francesa, tenía como principios básicos la libertad, la igualdad y la fraternidad.

La fraternidad -que viene del latín frater, “hermano”- es el único principio que se ha consolidado y potenciado en profundidad. El pacto entre libres e iguales hombres. No mujeres. De esta discriminación de origen ya dio la voz de alarma en clave de oposición Olympe de Gouges en 1791 cuando propuso la Declaración de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadana.

La masculinidad tradicional o patriarcal, de la misma forma que esa feminidad, es una construcción social, asimilada mediante el proceso de socialización de género. El patriarcado, con todo su potencial, impone que este proceso de socialización sea de forma diferenciada y es de esta forma como se asignan los diferentes roles y funciones a desempeñar en la sociedad, en función del sexo al que se pertenece.

Tanto en el caso masculino como en el femenino estos roles están identificados, hecho que hay que agradecer a los movimientos feministas, ya que se puede contar con el bagaje que han generado para poder enfocar la revolución interior como hombres. De esta identificación se extrae que el hombre, desde una visión patriarcal, ha de responder a patrones como la competencia, la agresividad, la fortaleza, la asertividad, la valentía, el riesgo, la iniciativa, la intervención en lo público, entre otros. Los hombres tienen la posibilidad de aprovechar esta caracterización de los roles asignados a la masculinidad y utilizarlo para “reeducarse”.

La igualdad no es un hecho externo a los hombres, es una equivocación pensar en que es suficiente “dejar espacio” a las mujeres para que expresen pensamiento feminista. Como en todo proceso de cambio social los varones han de ser partícipes, y tienen mucho campo por recorrer y el reto de generar nuevos modelos de ejercer la masculinidad. ¿Cómo? “Deconstruyendo” la identidad masculina y reconstruyéndola, haciendo realidad la llamada: “Cada hombre es una revolución interior pendiente”.

Cada uno ha de reflexionar sobre el papel que ejerce en todos y cada uno de los ámbitos de su vida, tanto en el público como en el privado, cuestionando la identidad masculina en la manera de consumir, de ejercer la dirección o el poder, de relacionarse con las demás personas, de participar en el ámbito público, de enfocar el ocio, los conflictos y sus posibles resoluciones… es decir, en todas y cada una de las dimensiones de la vida. La referencia que se puede tomar para esa revisión es relativamente sencilla: someter a libre examen cada actuación en clave de igualdad y corresponsabilidad.

Este camino ya han comenzado a recorrerlo muchos hombres, reflexionando a propósito de su masculinidad y contrastándolas con sus iguales. Existen colectivos de hombres por la igualdad y promoción de las nuevas masculinidades distribuidos por toda la geografía estatal e internacional, que entre otros aspectos están posibilitando el empezar a tener conciencia colectiva de pertenencia a unos modelos -diferenciados del patriarcal- de ser hombre, reivindicando como masculino el cuidado, la empatía, la afectividad, la ternura…

Es fundamental tener presente que este proceso ha de ser individual: repensándose; y también colectivo: proyectando hacia la sociedad esos nuevos modelos masculinos y propiciar referentes que posibiliten estos mismos replanteamientos a cada vez más hombres de nuestra sociedad. Hay por delante un ilusionante trabajo que realizar: la incorporación efectiva de los hombres a la lucha y la movilización por la igualdad.

Hay formuladas nuevas utopías que posibilitan caminar hacia ellas; el reto es movilizarse hacia una democracia participativa y paritaria, avanzando en la profundización de la democracia y superando la agotada fase de la democracia representativa. Es momento de replantear en qué medida afectan las políticas públicas tanto a hombres como a mujeres, analizando su impacto, y no tanto su enunciación, desde una mirada de género.

Por muy lejano que pueda parecer su consecución, no lo es más que las conquistas personales y colectivas, sociales, que han ido consiguiendo con lucha y movilización los movimientos feministas. Será en este proceso, tanto individual como colectivo, cuando se podrá concebir a hombres y mujeres como agentes del cambio hacia la igualdad.

Aquest article ha estat publicat en la revista “Trabajadora” de la Secretaria de la Dona Estatal de CCOO. Podeu accedir al número complet des d’aquest enllaç.