El fin de la violencia machista esta, tambíen, en manos de nosotros… los hombres.

La Agenda de los Hombres por la Igualdad acordó el 21 de Octubre como fecha para agrupar a los hombres contra la violencia machista en todo el estado español, y movilizarnos a la participación en los actos del 25 de Noviembre, Día Internacional de la Erradicación de la Violencia contra las Mujeres.

Es posible que el lector o lectora de este artículo tenga la percepción de que tanto las mujeres como los hombres, en pleno siglo XXI, de forma mayoritaria en nuestra sociedad, nos posicionamos en contra de la violencia machista, máxima expresión del patriarcado.
El que escribe le gustaría constatar que esto es así, pero desgraciadamente no puedo hacerlo ya que la realidad nos golpea todos los días con expresiones y actos que de una forma u otra alientan y favorecen esa violencia que recae sobre la mitad mas una de la población.

Desde expresiones explícitas como la del impresentable e incitador a la violencia machista de José Manuel Castelao Bragaño (expresidente del Consejo General de la Ciudadanía en el Exterior, y por tanto exmiembro del gobierno de España) en las que afirmó que “Las leyes son como las mujeres, están para violarlas”, pasando por políticas públicas que discriminan e incrementan la desigualdad, o spots publicitarios que condenan a la mujer a un mero papel de objeto sexual, o actitudes cotidianas que perpetúan los roles asignados por el patriarcado, hasta la falta de corresponsabilidad de los hombres, son muestras de que desgraciadamente aun queda mucho por hacer.

Esta claro que no todas las actitudes contribuyen de la misma forma a esa violencia, pero en este caso creo que es muy valida la frase que pronunció el gran pedagogo Paolo Freire, cuando dijo “En el conflicto entre el poderoso y el desposeído, el no intervenir no significa ser neutral sino ponerse al lado del poderoso”. Es decir, en una sociedad patriarcal, como la nuestra, el no pronunciarse en contra de esa violencia machista no nos hace neutrales, sino que nos sitúa como cómplices de quien ejerce la violencia físicamente.

Aunque es cierto que los varones que habitamos la tierra a estas alturas de la historia no tenemos la responsabilidad de los años y años de discriminación a la que han sido sometidas las mujeres, también es cierto que en nuestras manos esta rebelarnos contra ella y renunciar a esa posición privilegiada que nos ha sido servida en bandeja.

La violencia machista es la máxima expresión del patriarcado en nuestras sociedades, pero existen otras formas de expresión de esa violencia que posibilita que se perpetúe y que no se le ponga fin de una vez por todas.

Llegados a este punto, el lector se puede preguntar, ¿pero que puedo hacer yo para que no haya violencia machista, si yo no contribuyo a ella?

En primer lugar lo que se puede hacer es reflexionar sobre esa afirmación. Los hombres “de bien” que nacimos en una sociedad en la que se estaba levantando la sociedad actual, tenemos la percepción de que rechazamos el machismo, que no contribuimos a su perpetuación. Pero os propongo que reflexionemos sobre algunas cuestiones para constatar si eso es asi o no. Os propongo que hagamos una revisión de nuestra contribución en las tareas del hogar, ¿es igualitaria?, os propongo que hagamos una reflexión a propósito de nuestra forma de vivir nuestra sexualidad, ¿es respetuosa con la mujer?, os propongo que hagamos una reflexión a propósito de como nos relacionamos con las mujeres que tenemos alrededor, ¿es de igual a igual? ¿o media en la relación el proteccionismo, la superioridad u otras formas de relación desiguales?, a quienes son padres les propongo una reflexión de cómo se relacionan con sus hijos o hijas, ¿les acompañamos en su desarrollo o son para nosotros la distracción después de una larga jornada de trabajo?

Todas estas cuestiones conforman la base y legitimación de la violencia machista que se da en nuestras sociedades, tal y como se resume en la piramide de la violencia machista. En la que se hace una gradación de las diferentes formas de contribuir al patriarcado. La base la Sociedad Patriarcal se compone de la suma de actitudes, roles y valores que de forma cotidiana mostramos en nuestro entorno.

PIRAMIDE_VIOLENCIA_MACHISTA

Elaborado a partir de los modelos extraídos de pazeigualdadenelcole.blogspot.com y www.slideshare.net/mago/violencia-de-g

Podríamos seguir proponiendo reflexiones en otros ámbitos de nuestras vidas en la que lo más fácil es que se muestre la masculinidad tradicional, pero sigamos con la inquietud de que podemos hacer por erradicar la violencia machista.

En segundo lugar, y suponiendo que un hombre haya hecho las reflexiones propuestas, u otras en ese sentido, y que dé en todas “positivo”, no contribuir a ella no supone oponerse. Oponerse significa mostrar el rechazo público hacia esa violencia machista constante y enraizada en nuestra sociedad. Hoy es más fácil que hace un tiempo, gracias a los hombres que han dado el paso de organizarse y señalar que la violencia machista se acabará más pronto en tanto que los hombres que estamos en contra lo denunciemos públicamente.

Cada vez mas hombres, en un proceso lento pero imparable, van adquiriendo la conciencia de renunciar y rechazar el patriarcado y su violencia machista.
Tenemos la oportunidad de participar en las jornadas que se realizaran en nuestras ciudades en torno al 25 de noviembre Día Internacional de la Erradicación de la Violencia contra las Mujeres.

Tomemos parte activa de la movilización hacia la igualdad, por justicia, porque nos beneficia a todos y todas.

¡CADA HOMBRE ES UNA REVOLUCIÓN INTERIOR PENDIENTE!

OTRO MUNDO ES POSIBLE SI…
CUESTIONAMOS NUESTROS PRIVILEGIOS COMO HOMBRES Y
DENUNCIAMOS LA VIOLENCIA MACHISTA EJERCIDA CONTRA LAS MUJERES.

Carles Fons Poquet
Hombre en revisión de su masculinidad.

A Marcos, Mario y Joel… mis sobrinos!