Sobre el movimiento sindical en la Europa del siglo XXI

Ha quedado demostrado por infinidad de autores y autoras que la desregulación financiera impulsada por los poderes públicos occidentales y los organismos internacionales desde la década de los 70 ha provocado de forma intencionada una crisis financiera a principios del siglo XXI que ha desembocado en una crisis de la economía productiva de consecuencias sociales devastadoras.

Desde que inició la crisis hasta hoy, muchas han sido las certezas que, desgraciadamente, se nos han ido confirmando a los trabajadores y trabajadoras de los países del sur de Europa.

La privación a la gente de sus casas a través de los desahucios, la estafa de las acciones preferentes, la evasión fiscal a través de mecanismos legales, el fraude fiscal en connivencia con los poderes públicos, la salvaje reforma laboral implantada, la reducción del alcance del estado como mecanismo de redistribución de la riqueza mediante de la degradación de los servicios públicos y promoción de la prestación privada de éstos, el ataque y acoso constante a las fuerzas sindicales y movimiento ciudadano, la promoción de políticas que favorecen exclusivamente a las clases económicamente dominantes, la corrupción sistémica de quienes buscan la degradación intencionada del ejercicio de la política son indicios que apuntan a una modificación del escenario político respecto al periodo “pre-crisis”.

Estas medidas tomadas en su conjunto, que se podrían resumir en el espíritu de la modificación del articulo 135 de la Constitución española, no pueden ser entendidas como unas políticas de excepción por la situación económica, sino que son el resultado del avance del programa político neoliberal que desde la década de los años 70 viene impulsándose desde los poderes económicos.

Así hemos de entender cualquier propuesta que nos venga desde quienes ostentan hoy el ejercicio del poder, a nivel político, económico, mediático y financiero.

Ante esta situación el movimiento sindical, sumido en un paradigma crecentista, hemos de repensarnos y readaptar nuestra estrategia al marco de relaciones laborales, sociales, económicas y políticas que nos ha tocado vivir en el inicio del siglo XXI.

Es una tarea para nada fácil, tenemos el difícil reto de dar respuesta a diversos niveles y en diversos ámbitos.

el-roto-sindicatsEn la empresa:

En el ámbito estrictamente sindical tenemos una doble tarea. Por un lado hemos de continuar lidiando junto a los trabajadores y trabajadoras para la resolución de los conflictos y necesidades concretas que se plantean en las empresas, en un contexto legislativo de relación desigual entre empresa-trabajador/a decantado a favor de la empresa. Siendo la herramienta sindical el único apoyo a la que pueden recurrir cuando la empresa pretende someterlos bajo la amenaza implícita que ejerce el miedo a perder el sustento de vida.

Y por otro hemos de ser capaces de organizar tanto la resistencia como la articulación de un movimiento sindical que se corresponda con las nuevas formas de organizarse la empresa, que se presenta cada vez en formas más diversas, volátiles y con sucias prácticas laborales que se escapan al control público. No hay más que ver el último caso de despido del trabajador de “El corte Inglés” por haberse hecho pública su participación en una candidatura a las elecciones sindicales.

En el ámbito sociopolítico:

El sindicalismo del estado español confederal y de clase, además de participar en la empresa lo hacemos también en el plano sociopolítico, pues somos conscientes que los elementos que condicionan la vida de los trabajadores y trabajadoras no se pueden abordar exclusivamente desde el ámbito de la empresa. En este punto sucede algo similar que en el ámbito de la empresa, que tenemos una doble dificultad/reto, por un lado la de ejercer de barrera de contención a las políticas en que se concreta el avance neoliberal, (papel que ha sido desarrollado cada vez con mayor peso durante estos últimos años) a la vez que proyectar utopías colectivas que empoderen a la clase trabajadora y generen la ilusión de movilizarnos colectivamente hacia otro modelo de sociedad. Esto resultará más fácil si somos capaces de establecer alianzas con el movimiento ciudadano, participando en clave de igualdad en los foros comunes.

A nivel interno, organizativo:

La tarea aquí expuesta no es para nada fácil, en unas organizaciones con bagaje y cultura política propia, forjada a lo largo de los años y con unas dinámicas que necesariamente hemos de ser capaces de superar para darle respuesta a la nueva situación social, laboral y económica.

En estos momentos contamos con la oportunidad de introducir planteamientos y propuestas que incrementen los niveles de calidad democrática interna y sitúen, en los trabajadores y trabajadoras, la responsabilidad del futuro del movimiento sindical. La participación como mecanismo de responsabilización, aprendizaje y elemento central de la pertenencia a una organización sindical ha de ser un imperativo para todas las organizaciones sindicales. Hoy hay desarrollos teóricos y tecnológicos que nos lo pueden facilitar.

Desde estos análisis y desde la convicción de que el movimiento obrero ha sido y ha de ser decisivo en la resolución del conflicto capital-trabajo, que hoy continua siendo, junto con otros, uno de los ejes de opresión fundamentales en las sociedades capitalistas europeas, se proponen para su debate, discusión y desarrollo un marco de medidas que se sitúan en el ámbito sociopolítico, ya que la situación de desempleo masivo estructural sólo se resolverá cuando hayamos superado el neoliberalismo de este periodo histórico en Europa.

Sin pretender abarcarlas todas, a continuación indico algunas de las propuestas que tienen relación directa con el mundo del trabajo y que el movimiento sindical debiéramos introducir en nuestros debates y propuestas (si colectivamente se estiman oportunas):

– Poner fin al Austericidio, que tanto sufrimiento, pobreza y exclusión esta generando en los países europeos, con especial incidencia en los países del sur de Europa.

Reducir la edad de Jubilación. Contraviene a toda lógica que en el momento en el que hay mayores niveles de desempleo, tanto de la población en general como de los jóvenes en especial, el capital financiero y productivo con la complicidad de los gobiernos estén ampliando la edad de jubilación de los trabajadores y trabajadoras.

– Implantación de un Plan de inversiones Europeo desde la perspectiva de la Reindustrialización Selectiva. Es decir, enfocar las inversiones para el desarrollo productivo de sectores estratégicos para los estados y la ciudadanía, como son:

Potenciar el desarrollo de las energías renovables y limpias, tan urgentes y necesarias ante la depredación de la naturaleza causada por el productivismo y consumo desmedido. Devolviendo los índices de la Huella Ecológica a unos niveles sostenibles.

El fortalecimiento de los servicios públicos bajo control ciudadano, desarrollando servicios necesarios para el mantenimiento y desarrollo de la vida plena de las personas. Esto es, fortaleciendo el sector del transporte público, la sanidad, la educación, las comunicaciones, la atención a las personas en situación de dependencia, garantizando el agua como derecho humano y otros.

Inversión pública en I+D+i a través de las universidades públicas, garantizando el aprovechamiento del gran potencial creador de la generación mejor formada de toda la historia.

– Como medidas de financiación de las necesarias inversiones públicas que conllevan las anteriores propuestas, se proponen diversas medidas redistributivas y de justicia ante las políticas aplicadas hasta la fecha desde que se indujo la actual crisis, estas son:

La implantación de un Impuesto a las Transacciones Financieras. Hoy exentas de todo impuesto. Su implantación a nivel europeo supondría una gran cantidad de fondos disponibles para las políticas europeas. Además de ser una penalización proactiva a este tipo de economia improductiva, que reduciría el volumen de especulación financiera.

– Un impuesto a las grandes fortunas. En un planeta con recursos finitos, el concepto de “riqueza ilimitada” es injusto y obsceno, por tanto se convierte en una acción lógica limitar la riqueza. Esta medida vendría a equilibrar la balanza de la justicia, aunque sea simbólicamente.

– Una Auditoria de la deuda, que identificara que cuantía de la deuda pública es ilegítima u odiosa y por tanto que ayudara a identificar cual de ella se ha contraído en contra de los intereses de la ciudadanía, para en consecuencia obrar omitiendo el pago de ésta.

– Una Banca Pública, al servicio de las familias y de las pequeñas y medianas empresas que se acojan a los principios de una actividad productiva respetuosa con su entorno y trabajadores/as.

– Una Reordenación de los Tiempos de Trabajo. Desde que se implantó la jornada laboral de 8 horas, hasta hoy, no ha habido una revisión del tiempo de trabajo, siendo que la productividad se ha multiplicado, por la incorporación de las nuevas tecnologías y los nuevos métodos de trabajo. El ideal de ocho horas para descansar, ocho horas para disfrutar y ocho horas para trabajar, lejos de haberse consolidado, estamos viendo como pretenden dinamitarlo, en un afán de explotación y sumisión absoluta a la injusticia y a la acumulación del capital por unos pocos. Esta cuestión no ha sido revisada y ya es momento de hacerlo, por el Buen Vivir y el desarrollo pleno de la sociedad en nuestro conjunto.

A continuación inserto un vídeo de una de mis intervenciones en el ámbito europeo como representante de la juventud sindical, en la que expongo estas ideas en un encuentro de jóvenes sindicalistas, patronales europeas y miembros de la comisión Europea.

Carles Fons Poquet