¡¡GANEMOS nuestros pueblos y nuestras ciudades!!

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No he podido dejar de emocionarme al escuchar el discurso de Ada Colau, definiendo los y las agentes que están detrás de la experiencia que han iniciado nuestros hermanos y hermanas barcelonesas alrededor de Guanyem Barcelona.

 

 Soy consciente que es un discurso que ya forma parte de nuestra historia, de esa que estamos siendo capaces de escribir colectivamente, nosotros y nosotras, el pueblo, la ciudadanía, los movimientos sociales, los trabajadores y las trabajadoras, los pequeños y pequeñas comerciantes, las personas nacidas en nuestra tierra y las inmigrantes, las mujeres, las que ya participábamos y las que lo están haciendo ahora, las que trabajan en un sector público deteriorado, las que lo hacen a las empresas en condiciones de precariedad y las que no pueden hacerlo aunque lo necesitan, las jóvenes que han vivido engañadas por la falaz ilusión del sueño americano a la europea y no pueden emanciparse o deciden intentarlo fuera, los vecinos y las vecinas que año tras año, lucha trás lucha han mantenido viva la llama de la movilización, la ciudadanía.

Después de la emoción y la ilusión por liberar mi imaginación y proyectar hasta donde podemos andar atendiendo a la profundidad y la solidez que tienen las palabras de Ada, me viene a la cabeza el reto colectivo que tenemos de aterrizar esa proyección en Organización Ciudadana que nos posibilite acceder a nuestras instituciones. Y hay que hacer mucho trabajo.

Un trabajo tan ilusionante como complejo.

Tenemos que ser capaces de generar espacios amplios de encuentro, donde quepamos todos y todas. Tengamos la ilusión de hacer realidad el llamamiento del subcomandante Marcos: “Creemos una organización donde quepamos muchas organizaciones”. Y una idea clave para conseguirlo va a ser someter a libre examen nuestros análisis y certezas, para posibilitar las necesarias concesiones que nos separan hoy. Todos y todas tendremos que hacer cesiones para romper con la divergencia que nos condena a ser espectadoras y consumidoras de un modelo de sociedad desintegrador. Este punto tal vez sea uno de los más complejos de lograr, porque precisamente en este punto la izquierda clásica organizada encontramos subterfugios psicológicos encaminados a activar el mecanismo de la “profecía autocumplida”, para no complicarnos mucho la vida y continuar en nuestra “zona de confort”. Condenados a la oposición perpetúa, pero en nuestra zona de confort. Lo expresa muy bien el Nega cuando dice “La izquierda lleva tanto tiempo en la seguridad y el confort de la derrota que asomarse al precipicio de la victoria le produce náuseas, el mareo de lo desconocido, de lo incierto, de aquello en lo que la identidad y los símbolos se diluyen como lágrimas en la lluvia”

Estas cesiones no serán de cariz programático, como mucha gente está reclamando, repitiendo consignas de otras épocas. No hay programas alternativos. Hay un cuerpo común de propuestas, y son de propiedad intelectual colectiva y si se tuviera que atribuir alguna autoría, esa lo ostentan los movimientos sociales, en su diversidad. Hay posicionamientos diferenciados y matices que mantienen el necesario debate vivo, pero no hay diferencias sustanciales que justifican la divergencia. En el espacio de Ganemos caben todos los planteamientos y propuestas que se oponen a la perpetuación del Régimen del 78. No, por aquí no está la complejidad. La complejidad está en las cesiones que se tienen que hacer en el plano organizativo, procedimental.

Las costumbres y culturas políticas de las personas que participamos de las fuerzas clásicas (que provienen de la travesía en el desierto, de la “larga noche neoliberal”) tenemos que comprender que esas fórmulas no han sido válidas hasta hoy para generar frentes amplios ganadores. Tenemos que comprender que es el momento de la participación ciudadana y que esto tiene una profundidad que afecta incluso a cómo nos organizamos internamente en nuestras históricas estructuras. Que no es un elemento discursivo más, que hay que implementarlo transversalmente en todos los ámbitos de la estructura organizativa. Y esto pasa hoy porque los procesos de elección de las personas que van a poner su bagaje y trabajo a disposición del proyecto, tienen que ser diferentes a cómo se han venido haciendo las cosas hasta hoy. Que no tienen cabida las cuotas, las corrientes, las familias. Que lo que tiene que primar es la voluntad de profundizar en la democratización de los procesos. Que hoy disponemos de tecnología que nos permite avanzar muchísimo en la discusión horizontalidad-operatividad. Que es la ciudadanía la que tiene que elegir en base a los nuevos liderazgos que se están conformando, potentes, empoderadores, transparentes, representativos. Y que si no los encontramos a “pies quietos”, habilitar procesos para que afloren, porque sí existen. Cuando Ada Colau pronuncia un discurso es incontestable, es un liderazgo que emancipa y libera.

Pero también tenemos que tener en cuenta no embriagarnos de éxito y creernos que somos las mejores por haber respondido a un llamamiento empoderador y que hasta ahora tiene una fuerza movilizadora incontestable, pero que tenemos que ser capaces de aterrizar a nivel práctico en el ámbito local. Y esto sólo es posible hacerlo desde la humildad, el respeto y el reconocimiento de aquellos y aquellas que han estado manteniendo la llamita de la rebeldía viva, mientras la sociedad atravesaba los momentos de la “ilusión neoliberal”. Porque en esos espacios esta la acumulación del conocimiento de las movilizaciones del siglo pasado que es fundamental para entender el mundo que vivimos.

Todas tenemos que someter nuestra visión política a libre examen. Porque estamos en un escenario nuevo. No nos proponemos hacer una experiencia libre de cargas de aparatos, cómo ha sido el proceso de Podemos, porque los queremos dentro. Pero tampoco podemos querer imponer nuestras prácticas a una ciudadanía que no estaba con nosotros precisamente por esas prácticas y costumbres desmovilizadoras. Sólo de esta forma podremos avanzar en la consolidación de un movimiento verdaderamente revolucionario por la vía democrática.

Tenemos que huir de egos y personalismos, de discursos triunfalistas individuales o parciales, de creernos que somos los únicos que estamos haciendo bien las cosas. Tenemos que acercarnos desde la confianza con el otro. Sin más reticencias que desvelar el intrusismo fascista a nuestras filas, que lo tendremos. Tenemos que convertirnos en un “bloque de hielo” que cuánta más gente aglutine más difícil sea deshacernos. Blanco puro, transparente, que flote por su capacidad de retroalimentación del inmenso potencial que tenemos la ciudadanía, cuando cristaliza la idea de colectivo a nuestros quehaceres.

Hagamos hincapié en resolver diferencias, no en explicitarlas. Acerquémonos a este espacio quien realmente esté convencida/do que es posible. No pongamos piedras en el camino. Vivimos momentos históricos. De lo que ocurra ahora dependen nuestras vidas y las de nuestros hijos e hijas.

Me gustaría mandar un mensaje a quien se sitúa en posiciones contrarias a este proceso, ya sea por el lado de la “vanguarda revolucionaría” o por quien mantiene posiciones excluyentes desde los nuevos movimientos: Dejadnos hacer la experiencia propuesta a quién si creemos realmente que es posible. A quienes no tenemos miedo de experimentar, a quienes no tenemos la razón absoluta y queremos someter las certezas, consolidadas por nuestra experiencia, a libre examen. Reconociendo a quien se ha despertado políticamente y está incrementando su grado de comprensión de la realidad de forma cualitativa, a quien venimos participando desde que tenemos uso de razón habiendo mantenido la llama viva sin más éxito que ese. Dejadnos hacer la experiencia.

Si lo hacéis, si quien no se crea el espacio se hace a un lado, yo Carles Fons Poquet, me comprometo a que si no nos sale la experiencia, demostrándose que estábamos equivocados y equivocadas, continuar batallando para intentarlo de otra forma, como vosotros digáis. Pero en este momento histórico no hagaís fuerza hacia una dirección que coincida con el bloque reaccionario que si va a constituir la derecha, tanto la económica, como la moral/religiosa, la financiera y la mediática, pretendiendo mantener el “status quo” del Régimen del 78.

Somos parte del movimiento destituyente. Somos la ciudadanía y vamos a Ganar nuestros pueblos y nuestras ciudades.

Carles Fons Poquet. Altermundista.