Sin las mujeres no hay Democracia… y sin los hombres no hay Igualdad

Uno de los lemas que últimamente hemos pronunciado desde los movimientos feministas, atendiendo a la realidad que vivimos, es que “Sin las mujeres no hay Democracia” y coincido plenamente, pues sin la presencia, conocimiento, habilidades, estrategias y cosmovisiones de la mitad (más uno) de la población es una falsedad afirmar que la forma de gobierno es “El gobierno del Pueblo”.

Humildemente me gustaría aportar una reflexión que viene a darle una vueltecita más a esa afirmación y complementarla, con el objetivo de hilar más fino en los elementos necesario para conseguir la igualdad:

“Sin las mujeres no hay Democracia… y sin los hombres no hay Igualdad”

El hecho de que los hombres, de forma mayoritaria, conciban la lucha por la igualdad como un campo de juego político a relativo a las mujeres, denota desde mi punto de vista una falta de entendimiento de lo que significa la igualdad y cómo caminar hacia ella. Mucho han influido los medios de comunicación manipulando el enfoque de los feminismos y dirigiendo la atención a una cuestión de guerra de sexos, y compañeros y compañeras, la igualdad nada tiene que ver con eso.

La igualdad tiene que ver con la superación de modelos de masculinidad y feminidad impuestos por una determinada concepción de las relaciones humanas, desde la opresión y el sometimiento. Y si, es cierto que esa concepción nos concede a los hombres una posición privilegiada inicial, en detrimento de las mujeres, pero también lo es que son unos privilegios malsanos e incluso perjudiciales para nosotros mismos, y por tanto han de ser cuestionados y nos tenemos que revelar ante ellos.

Perjudiciales por múltiples razones, porque nos hace cómplices, cuando no ejecutores, del sometimiento bajo todas sus formas a las mujeres, porque nos inhibe la capacidad de identificar nuestras emociones y/o mostrarlas, porque nos pone trabas a las relaciones sanas entre iguales hombres, porque nos infantiliza e irresponsabiliza ante la oportunidad de cuidar (que no proteger) a los y las nuestras, porque nos impone una lógica de competitividad permanente en todos los ámbitos de nuestra vida… en definitiva nos impide un libre y sano desarrollo de nuestras capacidades como personas.

Lo perverso de la desigualdad es que se sustenta en la complementariedad de los roles asignados a la masculinidad y la feminidad patriarcal. Por tanto, si ha sido la mujer, como sujeto político, quien ha desarrollado a base de mucho dolor, esfuerzo y sangre modelos de feminidades diferenciadas a lo largo de la historia, ya es momento de que los hombres nos esforcemos en dar el paso, para que pueda romperse definitivamente esa complementariedad perversa y podamos establecer relaciones entre iguales, en tanto que personas.

Es por esta razón, por la idea de complementariedad perversa que existe, por la que hemos de romper con nuestra masculinidad patriarcal. Si la feminidad patriarcal esta siendo contestada, rechazada y desplazada por modelos igualitarios, somos los hombres quienes tenemos la responsabilidad de realizar el esfuerzo en el mismo sentido, es decir, cuestionar nuestros modelos de masculinidad y desde ellos establecer relaciones humanas con quienes nos relacionamos, no importa si son hombres o mujeres, pues todas nuestras relaciones podemos enfocarlas de forma igualitaria. Sólo de esta forma conseguiremos un clima y un ambiente de respeto mutuo que posibilite la consecución del objetivo anhelado: la igualdad efectiva de oportunidades y de trato.

Por eso afirmo, que  … y sin los hombres no hay Igualdad!

Esta reflexión contiene una apelación directa a cada uno de nosotros, en tanto que cambio individual, pero el camino hacia la igualdad, como propuesta política que es, requiere de una dimensión colectiva, social, ciudadana e institucional

Medidas que nos acercan a la Igualdad:

Una propuesta que nos acerca a este objetivo, es la que hacemos desde la Plataforma por los Permisos Iguales e Intransferibles por Nacimiento y Adopción (PPiiNA).

Formo parte de esta plataforma por diversas razones, por convencimiento de que la discriminación que padecen las mujeres en el ámbito laboral es una discriminación estratégica que mantienen quienes quieren a las mujeres en el ámbito privado, por que considero que la corresponsabilidad en los cuidados favorece el desarrollo de las personitas que acaban de llegar al mundo, por el convencimiento de que hasta que los hombres no nos incorporemos de forma plena a la movilización por la igualdad, tendremos una signatura pendiente con nosotros mismos y con la sociedad y la igualdad no será tal, y por muchas otras razones que a continuación se detallan con mayor precisión:

El Patriarcado (y su simbiosis con el Capitalismo neoliberal que padecemos) recluye a la mujer al ámbito privado y excluye al hombre de este mismo espacio. Prueba de ello es el trato desigual que existe en los Permisos por Paternidad y Maternidad.

Para un lector o lectora que desconozca la ley, la diferencia entre Permiso por Maternidad y Permiso por Paternidad, le puede sonar a la lógica diferenciación entre el reconocimiento del permiso a la “Madre” y al “Padre”. Pero no sólo es una diferenciación que atiende al sexo y nomenclatura del sujeto de derecho. El permiso por Paternidad reconocido en la Ley es de 15 días ( 2 del Estatuto de los Trabajadores más 13 de la Ley de Seguridad Social) y el de Maternidad es de 16 semanas.

Si eliminamos de la pregunta, el lógico periodo de recuperación que le corresponde exclusivamente a la madre por haber dado a luz, ¿Que explicación tiene esta diferencia de trato que contiene la Ley entre el padre y la madre? Sinceramente, la única que le encuentro es que esta concebida bajo un sistema de creencias y valores que determina que es la mujer la que tiene la obligación de atender a sus hijos o hijas, causándole graves perjuicios en el desarrollo de sus proyectos vitales (trabajo, relaciones sociales…) y que pone trabas para que el hombre asuma sus responsabilidades de cuidado de la criatura que acaba de llegar al mundo.

Es cierto que este periodo se puede compartir, bajo la tutela de la madre, pero lo grave es la atribución de funciones indirecta que se desprende de la Ley: para la mujer, el cuidado de la criatura, y para el hombre, proveer de recursos al núcleo familiar sin implicación directa en el ámbito de los cuidados. Y además, si atendemos a las estadísticas, el impacto real de esta posibilidad de compartir el permiso es muy bajo, sólo el 1,75% de las prestaciones por maternidad concedidas han sido compartidas entre el hombre y la mujer.

Por tanto se hace necesario para avanzar en hacia la igualdad la implantación de los Permisos Iguales e Intransferibles por Nacimiento y Adopción.

Saludos altermundistas y por tanto igualitarios!