Necesitamos asumir nuestra derrota, para armar la ofensiva!

La siguiente reflexión que vengo a compartir quiero desligarla del “momento electoral” que vivimos. Sé que es un ejercicio muy difícil, tal vez no sea posible hacerlo, pero creedme que este debate, aun teniendo obviamente ramificaciones en la escena electoral, transciende más allá y no se limita a la lógica competitiva que pretende (y en la gran mayoría de ocasiones desgraciadamente consigue) el marco de democracia liberal-representativa en el que vivimos. Propongo que quien no sea capaz de hacer ese ejercicio, no lo haga, y lo retome una vez pasado el dia 20D. Entonces en ese momento le resultará más sencillo… o no… depende, en gran medida, de la voluntad de cada uno y cada una.

En la última Universidad de Verano de los ATTAC de Europa, celebrada en París (Francia) en el año 2014, intervine como responsable de Organización de ATTAC-España. En esa intervención mi objetivo fue la de hacer ver la necesidad de que los ATTAC de todo el viejo continente pusiéramos nuestros esfuerzos en iniciar un camino de revolución democrática interna, realizando, como ya habían iniciado los compañeros y compañeras de ATTAC Francia, experiencias en materia democrática que le abrieran paso a formas de democracia más participada y descentralizada que más tarde pudieran “exportarse” a la sociedad como experiencias de articulación de la participación. En ese momento, y contrastando con compañeros y compañeras de todo el continente, me percaté de un elemento que hasta el momento no había reparado. ATTAC, que iniciamos nuestro camino colectivo en 1998 en Francia y en 2001 en el estado español estábamos jugado, durante nuestro nacimiento hasta hoy, un papel en la historia cómo “organización de transición” desde la tradición clásica de la izquierda política, hasta las nuevas formas de entender la realidad y ejercer la política.

Durante todo ese tiempo, 2001 – 2014, hablábamos (y en ocasiones lo conseguíamos) de “nuevas formas de hacer política”, de “ciudadanizar la política”, de la necesidad de “redefinir los sujetos y las practicas que se expresaban en la lucha de clases”, de nuevas categorías de análisis que completaban el mapa conceptual desde el que analizar la realidad, incluso llegamos a afirmar que ATTAC no era un movimiento “de izquierdas”, en tanto que lo que pretendíamos era un rearme ideológico basado en claves de análisis nuevas, sin lastres que pudieran comprometer de forma innecesaria nuestra comunicación con una ciudadanía machacada con mensajes que distorsionaban los conceptos de “izquierda”, “lucha colectiva”, “revolucion” y otros. En ese contexto, contribuimos a pasar del paradigma que asentó la larga noche neoliberal del “fin de la historia”, del “fin de las ideologías” al paradigma colectivo de OTRO MUNDO ES POSIBLE. Y fue una larga travesía en el desierto. Sembrando futuro. El movimiento altermundista, del que formamos parte activa, fue capaz de actualizar los análisis y realizar propuestas nuevas/frescas que llegaron a conectar con la ciudadanía un 15 de Mayo de 2011, en el estado español.

Y es que quienes nos acercábamos a ATTAC lo hacíamos “como quien acude a una playa después del naufragio de su barco”. ATTAC partía de la base de que las opciones a la izquierda que habían sustentado la lucha, la esperanza y la ilusión por el cambio durante el siglo XX, habían sido derrotadas y machacadas por la victoria capitalista tras el fin de la “guerra fría”. Y que era necesario hacer autocrítica, analizar nuestros fallos, analizar en que se había convertido la sociedad tras años de aplicación del programa Neoliberal sin oposición ninguna, e imaginar nuevos escenarios, nuevas utopías colectivas, que necesariamente pasaba por incluir a todas las identidades oprimidas por la hegemonía neoliberal.  Ya decíamos, en el 2001, aquello de “no importa de donde vengas, importa donde queremos caminar conjuntamente” o “se trata simplemente de reapropiarnos todos y todas del presente y del futuro de nuestro mundo”.

Me acuerdo de las discusiones y los choques frontales con quienes continuaban en paradigmas de organizaciones clásicas, a propósito del cuestionamiento de los mapas conceptuales desde los que se analizaba la realidad. Y todavía continúan. Que si el sujeto de cambio son los trabajadores y trabajadoras o si lo es la ciudadanía. Que si el cambio ha de venir por la aplicación de un determinado modelo “cerrado” utópico o ha de venir de la convergencia de la diversidad de quienes nos oponemos al neoliberalismo patriarcal, que si hemos de cambiar como conditio sine qua non la cultura y practicas democráticas de estas organizaciones o si es un elemento irrelevante… y así un sin fin de puntos de disenso que nos situaba en posiciones para nada cómodas. Ya que no sólo éramos absolutamente aplastados/das por el Pensamiento Único hegemónico neoliberal, sino que no nos reconocíamos en el discurso de esas organizaciones que han sido nuestro espacio de crecimiento político natural.

No obstante desde el el 2014 hasta hoy ha habido un cambio sustancial en la política en el estado español, que ha abierto la “caja de pandora” en el espacio que antaño denominábamos “izquierda”. Una fuerza política, sin estructura, “sin historia”/nueva, sin recursos económicos, ha sido capaz de analizar la realidad desde unos parámetros absolutamente diferentes a cómo se venia haciendo hasta ahora y armar un discurso progresista-popular-revolucionario (escojan ustedes el término que más les convenga), poniendolo en el centro de unas elecciones decisivas para los próximos 10-15 años, ilusionando con el a grandes masas de personas que bien por desencanto o bien por una cuestión generacional estaban desligadas y desencantadas de la posibilidad de cambio de nuestra realidad a través del ejercicio de la política.

Recomiendo escuchar con atención la respuesta que proporciona Pablo Iglesias a la pregunta que le plantea un periodista de La Marea, que es la siguiente:
Antes de la aparición de Podemos considerabas imprescindible la construcción de un relato alternativo por parte de la izquierda, para contrarrestar el discurso de las élites ¿Porque renunciar a los significantes tradicionales de la izquierda en los mimbres para construir ese relato? ¿No crees que ese es un triunfo de las oligarquías?

En relación a la contestación de Pablo Iglesias, con la que coincido totalmente, en que ese es el reto actual de quienes queremos cambiar la realidad, no voy a volver a argumentar “el pellizco” que experimento cuando se ensalzan símbolos que forman parte de mi desarrollo político-emocional, ya lo hice en otro articulo. Me reconozco en ese colectivo de personas que sienten como suya la bandera roja, con la hoz y el martillo , o que se le ponen los pelos de punta al oír “Grandola Vila Morena“. Pero considero que las emociones asociadas a esos referentes, no tienen mucho que ver con la realidad actual. Precisamente por la victoria del Pensamiento Único, en términos hegemónicos, durante más de treinta años.

Y acabaré esta reflexión afirmando, a riesgo de equivocarme, que teniendo en cuenta la derrota de las alternativas, tal y cómo se han formulado en el siglo XX en esta parte de Europa, sólo podemos volver a pensar en revertir la correlación de fuerzas, si nos damos cuenta que el neoliberalismo ha generado cambios en las bases de la estructura del pensamiento de la población europea. Sólo asumiendo esa derrota, y partiendo de ella, podremos armar la ofensiva que nos devuelva la ilusión por ganar el espacio político y cultural. Y con ella, invito a este debate, dejándonos eslóganes y consignas fuera, a todas aquellas personas comprometidas con su tiempo que tengan la voluntad de construir entre todas la alternativa política que ejerza de contrapoder ciudadano real a los poderes fácticos que determinan nuestras condiciones de vida. 

Carles Fons Poquet