Coeducación y masculinidad

Uno de los marcos ideológicos en los que se sustentan las desigualdades existentes en las sociedades del siglo XXI, es el Patriarcado. La desigualdad de género y la opresión patriarcal hacia las mujeres, y hacia los hombres que no cumplen el patrón patriarcal, existente en nuestras sociedades es un hecho constatado y constatable en la mayoría de ámbitos en los que vivimos. En muchas ocasiones de nuestra vida cotidiana nos encontramos con situaciones en las que observamos actitudes, formas de ser y opinar que nos escandalizan y nos irritan. La violencia machista explicita, los techos de cristal existentes en los espacios públicos, que impiden de facto el acceso a lugares de responsabilidad a las mujeres, la hipersexualización de las niñas y mujeres en los medios de comunicación y productos audiovisuales, etc. son consecuencias directas de esta hegemonía patriarcal.

Uno de los espacios comunes a los que acudimos cuando la realidad nos recuerda que vivimos en esta sociedad, es la “Educación” como herramienta transformadora y superadora de desigualdades a medio y largo plazo.

Una de las instituciones que más responsabilidad soporta para desarrollar esta tarea es la escuela, y esto es así cuando no es la que más aporta a la desigualdad de género existente. Otras instituciones o agentes en cambio, como puedan ser los medios de comunicación o la producción cultural infantil, tienen mayor intervención en la consolidación de esa desigualdad y, al contrario que a la “educación”, muy pocas veces se les exige alguna responsabilidad.

Asumiendo la responsabilidad desde la institución de la escuela, hemos de preguntarnos ¿cómo se puede orientar el futuro hacia un horizonte igualitario?. Una de las respuestas a esta pregunta nos la proporciona el enfoque Coeducativo en nuestras intervenciones. Es decir, educando para la Igualdad de trato y oportunidades, tanto a niños como a niñas.

Desde los años 80 hasta hoy, muchas han sido las innovaciones educativas que, desde los movimientos de renovación pedagógica y la experiencia en el aula se han aportado a este enfoque educativo. No obstante, cabe hacer una reflexión a propósito de si es necesario introducir otros elementos que hasta ahora no se habían tenido presentes.

Por la senda del desarrollo de las experiencias de Coeducación, se ha recorrido un camino muy interesante y oportuno que se ha traducido en un avance colectivo, en tanto que ha contribuido a proyectar utopías hasta ahora impensables, que han posibilitado que las niñas se relacionen, piensen y sientan de otras formas. Queda mucho camino por hacer, pero también llevamos mucho recorrido.

Desde los inicios de la incorporación de este enfoque educativo, ha habido un avance progresivo en las premisas con las que se ha abordado esta cuestión. En sus inicios la mayoría de intervenciones y esfuerzos iban enfocados a “empoderar” a las niñas, de forma que no tuvieran ninguna limitación a la hora de poder realizar las mismas acciones y tuvieran las mismas oportunidades que los niños. Este enfoque, siendo necesario para romper con la inercia establecida, ha tenido, en ocasiones, consecuencias no liberadoras que cabe corregir. En primer lugar, porque ha presupuesto que el modelo al que aspirar ha de ser el masculino (en tanto que hegemónico culturalmente), y en segundo lugar, aunque cuestiona el modelo de feminidad patriarcal y tiende a deconstruirlo, no ha cuestionado el modelo de masculinidad. Esto ha provocado, entre otras cuestiones,  la “sobrecarga” de las responsabilidades y tareas que se derivan de la feminidad patriarcal añadiendo las asumidas de la masculinidad patriarcal, teniendo su reflejo más visible, en el mundo de las personas adultas, en las dobles y triples jornadas que sustentan las mujeres (trabajo remunerado, trabajo doméstico, y cuidado de personas dependientes).

Con el objetivo de superar este paradigma, han habido aportaciones que han cuestionado la “universalidad” del modelo masculino. Y se ha tendido a proyectar un modelo que apunta a feminizar las relaciones humanas y la concepción del poder. Este enfoque se sustenta en la concepción de que la mujer, con su feminidad patriarcal, representa la forma políticamente correcta de entender las relaciones humanas, en tanto que la feminidad patriarcal es quien sustenta, entre otros roles asignados, la cooperación, la empatía, los cuidados, la libre expresión de la afectividad… y se ensalzan, de forma acertada, como contraposición a los roles que definen la masculinidad patriarcal como la competitividad, la agresividad, la cultura bélica[2]… De esta forma se desplaza lo masculino como eje vertebrador de las aspiraciones de las feminidades no patriarcales.

Esta situación acompañada de una cierta inercia social (que, en muchas ocasiones, se sitúa en el plano de lo políticamente correcto), fija un horizonte utópico en el que existen modelos de feminidades alternativas a la patriarcal, liberadoras y emancipadoras, a los que acerarse de forma individual y colectiva. Es decir que si hay discurso y marcos de referencia elaborados para aquellas mujeres que quieran (y puedan) romper con un modelo determinado de ser y sentirse mujer.

Pero en la acción coeducativa, y teniendo en cuenta que en la consecución de la igualdad intervienen más agentes, nos falta prestarle atención a una parte fundamental. Que también está en proceso de construcción de su identidad de género, que también está elaborándose su autopercepción del yo, y para quien todavía no tenemos elaborado ese modelo referencial alternativo: los niños.

Como afirma el Sociólogo Eric Pescador[1] en un artículo en el que expone las conclusiones del proyecto “Ulises” sobre “Masculinidades y Educación”:

“(…) Casi veinte años de trabajos en coeducación que definían el cambio de las mujeres como la imitación de comportamientos masculinos o la eterna demostración de que las mujeres también pueden, no siempre alcanza los mejores resultados contra la discriminación, sobre todo si no cuenta con el cambio de los hombres. (…)

Los niños en el mejor de los casos se encuentran en una situación muy compleja de interpretar. Por un lado, están expuestos a la ofensiva cultural patriarcal (de la misma forma que las niñas) a través de la cual se les “sugiere de forma insistente” como ir construyendo su masculinidad de una forma determinada, y por otro están recibiendo constantemente la desautorización “formal” de esa forma de entender la masculinidad desde espacios educativos que pretenden combatir la desigualdad. Pero pocos esfuerzos se han hecho, en el conjunto de la sociedad, por construir y proyectar esa utopía en la que se muestren modelos y marcos referenciales diferenciados al patriarcal hacia los que caminar en tanto que hombre.

Sin dejar en absoluto de actuar en la deconstrucción de la feminidad patriarcal, y de forma complementaria a ésta, hemos de comenzar a elaborar materiales y propuestas educativas enfocadas, también, a los niños. Propuestas encaminadas a que el niño sea consciente del modelo de masculinidad hegemónico, hacerlo participe de su crítica y acompañarle en el proceso de construcción de modelos alternativos, acompañarle en la visualización de qué formas de relacionarse, pensarse y sentirse se acercarían al ideario igualitario, además de proporcionarles herramientas, no sólo para elaborar alternativas individuales, sino para confrontar colectivamente la ofensiva cultural existente en el sentido contrario en la sociedad.

Es momento, por tanto, de contemplar las propuestas coeducativas en tres ámbitos de intervención complementarios y tomando como educandos al conjunto no segregado, la deconstrucción de la feminidad patriarcal y la elaboración de modelos alternativos, la deconstrucción de la masculinidad patriarcal y la elaboración de modelos alternativos, y la superación colectiva de los roles de género como imposición en nuestras relaciones y formas de pensarnos y sentirnos.[3]

Article redactat per a l’execució d’una dinàmica en la intervenció, a la 3ª Setmana d’activitats
complementàries de la Facultat de Magisteri de la Universitat de València, denominada:
EDUQUEM PERSONES: QÜESTIONEM LA MASCULINITAT PATRIARCAL 

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[1] Pescador, Eric (2006). Voces de Hombres por la Igualdad: Cambio de las masculinidades desde la educación.
[2] Joan San Felix, socióleg (2014): Masculinidad, violencia y coeducación
[3] Algunos recursos y fuentes para deconstruir la Masculinidad patriarcal y la elaboración de modelos igualitarios.