El papel de los hombres en la lucha por la igualdad. Reflexión dirigida a otros hombres.

A medida que el movimiento de hombres por la igualdad va extendiendose, va acentuándose el debate, en el seno del movimiento feminista y del propio movimiento de hombres, sobre cuál es el papel que hemos de adoptar los hombres que nos incorporamos, a estas alturas de la historia, a una lucha identificada, diagnosticada, propuesta y articulada por las mujeres desde hace siglos: la lucha por la igualdad, la lucha por la superación del patriarcado por una sociedad igualitaria.

Para la participación en cualquier movimiento político es necesario comprender la idiosincrasia y la historia propia de éste. Sólo de esta forma se podrán comprender las claves para contribuir a una mejor organización y potenciación de los objetivos propuestos. El campo político de la lucha contra el patriarcado, el feminismo, es un campo singular, diferente del resto de campos políticos. Es un campo que cuenta con un acervo ideológico muy extenso, unas prácticas políticas muy diversas y unas metodologías propias, y es singular por una particularidad que lo diferencia del resto: ha sido concebido, desarrollado y aplicado exclusivamente por mujeres a lo largo de a historia.

Comprender las claves que existen en relación a la participación de los hombres en la lucha contra el patriarcado, en los movimientos feministas, nos ayudará a quienes nos acercamos desde esta identidad, a contribuir a la consecución de su objetivo.

Si eres hombre y tienes la voluntad de erradicar las violencias machistas, de que deje de existir la brecha salarial, de que las mujeres puedan ir por la calle de noche sin amenazas de ningún tipo, de que no exista discriminación ninguna por razón de sexo u orientación sexual, o si quieres vivir de forma plena la paternidad, expresar tus sentimientos en público sin pudor, vivir sin exigencias culturales de cómo te tienes que comportar por el hecho de haber nacido hombre, tu espacio de participación es el movimiento feminista, es decir la deconstrucción del patriarcado neoliberal y la lucha por una sociedad nueva, igualitaria, justa y solidaria.

Pero, ¿cuál es nuestro papel? ¿Qué lugar hemos de ocupar los hombres en esta lucha?

Se ha escrito y dicho bastante sobre esta cuestión. Incluso existen citas que resumen posicionamientos ampliamente compartidos, como por ejemplo la de Kelley Temple, en la que afirma que

“Los hombres que deseen ser feministas no necesitan un lugar definido dentro del feminismo. Ellos deben tomar el espacio que tienen dentro de la sociedad y hacerlo feminista”.

Ante la pregunta ¿Tenemos los hombres un papel propio que desempeñar en la lucha por la igualdad? Mi respuesta es sí. Pero, ¿cuál? No todas las formas de acercarse al feminismo o al objetivo de la Igualdad son válidas, y efectivamente, algunas incluso son contraproducentes.

Contrastando estas cuestiones con compañeras y amigas que están activas en los feminismos me he encontrado con tres grandes posicionamientos frente a este “nuevo” (en términos históricos) movimiento.

– Quienes coinciden en el hecho de que “por fin” los hombres hayamos entrado en un campo de lucha que determina y configura el conjunto de la sociedad, en términos de opresión y feminicidio.

– Quienes no coinciden con el hecho de que el hombre “entre a participar, con un papel propio, en uno de los campos exclusivos y forjados por la mujer”.

– Quienes, incluso, identifican en él una estrategia de legitimación y perpetuación del propio Patriarcado.

Por otra parte, la posición de la gran mayoría de hombres de nuestra sociedad ante la exigencia de igualdad por parte del movimiento feminista se puede englobar en cuatro grandes posicionamientos,

– Quienes se oponen a esa exigencia perpetuando y profundizando la desigualdad existente,

– Quienes asumen la idea de la Igualdad como un elemento deseable, aunque ajeno a ellos,

– Quienes asumen la idea de la Igualdad y creen contribuir a su desarrollo sin haber comprendido del todo que supone, y

– Quienes asumen su responsabilidad, en tanto que hombres, poniendo el foco en ellos mismos (en la deconstrucción y reconstrucción de su masculinidad) y en la acción política colectiva necesaria a realizar para alcanzar la igualdad.

Ante esta diversidad de opiniones, que seguro es matizable, y como persona activa en el movimiento de hombres por la igualdad, tengo la voluntad de aportar mi humilde, aunque asertiva, opinión, que dirijo fundamentalmente a otros hombres que quieran aportar, de la misma forma que yo, al cambio hacia una sociedad igualitaria.

Ante cualquier lucha o movilización contrahegemonica nos hemos de plantear una reflexión en profundidad en tres tareas ineludibles:

1.- Diagnosticar/Analizar la realidad que queremos cambiar.

2.- Identificar los objetivos, a corto, medio y largo plazo que queremos alcanzar en función del análisis realizado

3.- Diseñar y desarrollar las acciones políticas y las estrategias organizativas que hemos de emprender para alcanzar esos objetivos.

El primer punto, el del diagnóstico, lo tenemos prácticamente resuelto (siempre atendiendo al dinamismo de la realidad y la necesaria actualización constante de nuestros análisis). Y esto es así gracias a todas y cada una de las mujeres que a lo largo de siglos y siglos han sido capaces de identificar cuáles eran los mecanismos que hace valer el Patriarcado para perpetuar las relaciones desiguales y el sometimiento de las mujeres. Podemos acudir a infinidad de autoras para conocer de forma sistemática y analítica que es el Patriarcado y sobre qué elementos se sustenta.

Una de las definiciones con las que me quedo personalmente, de lo visto y leído hasta el momento, es una del término Patriarcado, de Victoria Sau, en su “Diccionario ideológico feminista”, que lo define de la siguiente forma:

“Es una toma de poder histórica por parte de los hombres sobre las mujeres cuyo agente ocasional fue de orden biológico, si bien elevado éste a la categoría política y económica. Dicha toma de poder pasa forzosamente por el sometimiento de las mujeres a la maternidad, la represión de la sexualidad femenina, y la apropiación de la fuerza social de trabajo total del grupo dominado, del cual su primer, pero no único producto son los hijos”. Victoria Sau

En todos y cada uno de los ámbitos en los que el Patriarcado ha sido capaz de penetrar, en tanto que ideología y programa político, el movimiento feminista ha sido de capaz de identificar, evidenciar y generar alternativas, que han contrarrestado su impacto o han generado las utopías concretas por las que luchar. Una de las tareas que tenemos los hombres que nos acercamos a esta lucha es la de aportar, desde nuestra posición de hombres, elementos a esos análisis referidos a la masculinidad. Es decir, encontrar la trazabilidad entre nuestras acciones individuales nocivas y el marco cultural en el que nos encontramos, para así poder reconstruirnos y deconstruirlo.

Los objetivos, el segundo de los puntos, también son compartidos entre el movimiento de hombres por la igualdad y los feminismos: La construcción de una sociedad que haya superado el Patriarcado como sistema de opresión, por un modelo de convivencia diverso, respetuoso, igualitario, potenciador de las individualidades de cada persona y garante del buen vivir para todos y todas.

Ahora bien, las vías para acercarse a esos objetivos desde el movimiento feminista y el de hombres por la igualdad, es decir la acción política a realizar, no es exactamente la misma, aunque se pueden establecer paralelismos. Si las mujeres han sido capaces de “salir” al espacio público, manteniendo dobles y triples jornadas, es momento de que “entremos”, los hombres, en nuestras casas y nos ocupemos de los cuidados y de las tareas reproductivas. Consiguiendo de esta forma eliminar esas dobles y triples jornadas, que son el resultado de la sobrecarga mantenida por omisión de nuestra responsabilidad.

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La experiencia, conocimiento y saber hacer de los movimientos feministas a lo largo de la historia, nos muestran el camino a propósito de qué es lo que tenemos que hacer los hombres que nos sumamos (en este momento de la historia) a la lucha por la igualdad:

De la misma forma que vienen haciéndolo, y hacen, las mujeres, nosotros en tanto que hombres, hemos de realizar un trabajo en el ámbito de lo privado, de lo personal y otro en el ámbito público.

El trabajo a realizar en el ámbito privado, en el personal, es un trabajo que sólo lo podemos realizar nosotros y, además, por ahora, sólo entre nosotros. La deconstrucción de la masculinidad, es un objetivo fácil de enunciar, y muy complejo de abordar.

El Patriarcado como sistema ideológico, político y cultural, empezó a asentarse cuando las sociedades humanas pasaron de ser nómadas a ser sedentarias. Es decir, hace aproximadamente 10.000 años que empezó a gestarse la cultura patriarcal. El grado de penetración de ese sistema ideológico en la conformación de nuestras identidades más básicas, como el género, es absoluto. Incluso en quienes conscientemente queremos desprendernos de esa forma de vivir y relacionarnos. Porque en el mejor de los casos, lo hacemos partiendo de una socialización de genero patriarcal, desarrollamos y ejercemos nuestra identidad de género (en mi caso y hoy, la masculinidad) en un entorno marcadamente patriarcal y además hemos de sobreponernos a las sinergias establecidas entre el patriarcado y el otro sistema de opresión que condiciona negativamente nuestras vidas, el capitalismo. Es decir, la penetración de la cultura patriarcal, en su mayor parte inconsciente, en nuestros quehaceres es muy profunda.

Es por ello que, entre nosotros, necesitamos dialogar, pensar en voz alta y contrastar estrategias, prácticas cotidianas, formas de resolver conflictos y contradicciones que nos generan, en lo concreto, los choques entre la cultura patriarcal y aquella que estamos dispuestos a desarrollar. Y hemos de hacerlo desde nuestra posición de hombres, partiendo de nuestras “malformaciones de serie” y capacidades, de nuestras formas de sentir y vivir, de nuestras herramientas y aprendiendo de otros y otras en el camino para superarlas. Muy diferente es la tarea que han de hacer nuestras compañeras en este ámbito, ya que en su caso se trata de cómo desprenderse de la opresión y el acoso que sufren a diario, gracias a quienes no cuestionan su masculinidad patriarcal y al propio sistema patriarcal.

Pero, en concreto ¿qué es eso de lo que hombres hemos de hablar entre nosotros? Pues de cuestiones tan diversas como de nuestra forma de gestionar los tiempos y dedicaciones, de nuestras trampas para (no) dedicarnos a los cuidados, de las formas de relacionarnos entre nosotros y con las mujeres, de nuestros privilegios en tanto que hombres y cómo desprendernos de ellos, de estrategias personales para lograr una corresponsabilidad plena en los ámbitos en los que actuamos (casa, trabajo, …), de estrategias sobre cómo actuar en los espacios públicos para contrarrestar la cultura patriarcal que invisibiliza a las mujeres, de nuestra dificultad para una buena gestión emocional, de nuestra “deformada” sexualidad…. Y de un sinfín de cuestiones que hemos de ser capaces de abordar para la construcción de una masculinidad diferenciada de la patriarcal que nos posibilite caminar hacia una sociedad igualitaria.

Y esto sólo lo podemos hacer entre nosotros, porque de la misma forma que sucede en la situación contraria (y sentido opuesto), la simple presencia de una mujer en un espacio de hombres, condiciona el comportamiento y la forma de hacer de esos hombres. Obviamente esta afirmación es matizable, pues no será cierto en todos los casos, pero seguramente si lo sea para aquellos hombres que muestren una masculinidad marcadamente patriarcal y estén en los inicios de sus reflexiones personales.

Por otra parte, y resumiendo, pues lo desarrollaré en otra ocasión, en el ámbito público tenemos a su vez dos tareas que realizar:

Interpelar a otros hombres a que se sumen a esta forma de entender la vida y las relaciones, contribuyendo a elaborar modelos referenciales de hombres igualitarios, forzando y evidenciando las contradicciones y limitaciones de la masculinidad patriarcal para el desarrollo de nuestra felicidad y nuestra contribución a la felicidad de quienes nos rodean.

Denunciar en el espacio público la nocividad para el conjunto de la sociedad, de la simbiosis entre el Patriarcado y el Neoliberalismo, y proponiendo aquellas medidas políticas que nos sitúen en el camino hacia otra sociedad y otras relaciones. Saliendo del silencio cómplice posibilitador de la violencia machista y denunciándola como consecuencia directa de nuestra cultura patriarcal.

Estoy convencido que en el desarrollo de esta práctica política nos encontraremos con propuestas e iniciativas políticas que en estos momentos son inimaginables y que nos interpelaran, en tanto que hombres, a participar e intervenir políticamente en la sociedad de otras formas.

Y he aquí, el trabajo específico que tenemos que hacer entre nosotros y que sólo nos concierne a nosotros, el de la reconstrucción de nuestras masculinidades, y la participación en el espacio público desde nuevas posiciones, de forma que estemos en disposición de conectar, en tanto que personas, con las compañeras (que también están en proceso constante de reestructuración), para, en el camino y más allá, construir esa sociedad igualitaria nueva.