La #HUELGAFEMINISTA del 8M y los hombres

El 8 de marzo, día internacional de la mujer trabajadora, el movimiento feminista, plural, diverso y heterogéneo, ha interpelado a las mujeres del mundo, y con ello al conjunto de la sociedad, a realizar una jornada de movilización global para revertir la actual situación de opresión y desigualdad que esta sociedad patriarcal conlleva.

Es una llamada fundamentalmente dirigida a las mujeres de la sociedad, que por el simple hecho de haber nacido mujeres se enfrentan cotidiana y estructuralmente a una cultura que las menosprecia, las desplaza, las violenta y las mata. Una cultura global y tradicionalmente impuesta, que se aprovecha de su fuerza de trabajo, tanto productiva como reproductiva, para el mantenimiento de la vida a cambio de desprecio y opresión.

Es por esto que nuestras compañeras han planteado una Huelga Feminista, que suponga parar el día 8 de marzo, y que de esta forma se visibilice su imprescindible contribución, no reconocida, en la sociedad. El paro es multidimensional, se va a parar en el ámbito productivo (huelga laboral), en el ámbito reproductivo (huelga de cuidados), en el consumo y en el ámbito estudiantil.

Esta demostración de capacidad organizativa y dignidad sorora, nos sitúa a nosotros, los hombres, ante la tesitura de dar respuesta a una pregunta: ¿Y nosotros, que hemos de hacer ante esta convocatoria y las vindicaciones que conlleva?

En primer lugar, una constatación: Considero que el simple hecho de hacernos la pregunta, como está ocurriendo en muchos espacios colectivos, ya constituye un éxito de la convocatoria. Ya que, para el avance de la igualdad es necesario que los hombres nos sintamos interpelados ante una jornada de movilización por la igualdad y concibamos de forma igualitaria nuestra forma de ser, estar y relacionarnos con nuestras compañeras y compañeros.
Respondiendo a la pregunta: Lo que hemos de hacer es facilitar a las mujeres que tenemos en nuestro entorno que puedan realizar la jornada de paro a todos los niveles (laboral, de cuidados, de consumo y estudiantil).

Como se concrete esto, es algo que hemos de valorar individual y colectivamente. Individualmente, porque cada uno tenemos una situación laboral, y unos cuidados y responsabilidades que atender. Y colectivamente, porque la profundidad del mensaje que nos están lanzando nuestras compañeras es tal, que requiere de cambios políticos profundos en nuestras formas de entender la vida y las relaciones individuales y sociales, y eso supone posicionamientos y procesos de acción-reflexión-acción colectivos.

Mi propuesta, desde la más absoluta humildad, que puede servir de guía o de punto de partida de una discusión más amplia, sobre qué podemos hacer los hombres el día 8 de marzo, sería la siguiente: 

No obstante, sin restarle importancia a nuestro cometido el mismo día 8 de marzo, lo que nos ha de provocar esta #HUELGAFEMINISTA es una reflexión constructiva encaminada a cuestionar nuestra masculinidad, esa que contribuye a la situación de opresión y desigualdad que denuncian nuestras compañeras. Cuestionar como sentimos, hacemos y estamos en tanto que hombres, en todos los ámbitos de nuestras vidas. A la hora de relacionarnos con nuestras parejas, a la hora de consumir, a la hora de ejercer la paternidad y el cuidado de nuestros y nuestras mayores dependientes, a la hora de participar en el espacio público… en definitiva a la hora de vivir.

Porque, aunque nos parezca lo contrario, e incluso tengamos una autopercepción de nosotros como agentes promotores de igualdad, hemos sido educados en un contexto machista, que ha provocado que no seamos conscientes de nuestros propios privilegios.

Privilegios que se expresan cotidianamente y que tienen su expresión en las estadísticas en las que nuestras compañeras se apoyan para visibilizar la desigualdad estructural. Privilegios en el ámbito doméstico, como quién hace el seguimiento médico de nuestros hijos e hijas o la relación con su profesorado, las realización de las tareas domesticas y su planificación y gestión, el cuidado de personas dependientes, o el mantenimiento de las relaciones familiares, etc.. Privilegios en el ámbito interpersonal, expresados en los micromachismos que reproducimos con nuestras compañeras y compañeros. Privilegios, también, en el ámbito público, como el derecho preferente de acceso al mercado de trabajo, la prevalencia de nuestra opinión en los espacios asociativos y colectivos, el dominio del espacio público sin sentirnos amenazados al caminar solos por la calle, etc.. y muchos otros de los que no somos, si quiera, conscientes.

Ante ello, se trata de iniciar un proceso de deconstrucción de nuestra masculinidad patriarcal, es decir, detectar en que se ha concretado nuestro proceso de socialización patriarcal particular y sustituirlo de forma progresiva por un modelo respetuoso, íntegro y corresponsable, que contribuya a establecer junto con nuestras compañeras unas relaciones y sociedad entre iguales.

Ese camino nos reportará beneficios personales y colectivos. Nos posibilitará vivir de forma más “relajada”, sin la necesidad de estar permanentemente demostrando nuestra “hombría” (concepto que en la gran mayoría de los casos conlleva actitudes irresponsables y contrarias a nuestra salud o integridad). Se trata de aceptarnos como somos, frágiles, débiles, interdependientes de nuestros y nuestras iguales y de vivir disfrutando de lo que nos ofrece la vida en toda su extensión, enfocando de forma colectiva y cómplice, con nuestras compañeras, los retos a los que nos enfrentamos en nuestras sociedades.

Por todo ello, es necesario acompañar a nuestras compañeras este ocho de marzo en la movilización que están organizando. Atendiendo aquellos ámbitos mayoritariamente sustentados por ellas: los cuidados y la planificación, gestión y ejecución de las tareas domésticas. De esta forma, contaremos con una oportunidad excepcional para asumir nuestra necesaria corresponsabilidad, que además no puede quedarse sólo como una excepcionalidad del dia 8 de marzo, sino que hemos de asumirla el resto del año.

Nuestras compañeras nos están dando un toque de atención, no violento, para que establezcamos las relaciones entre iguales y de esta forma, acabemos con la opresión y posibilitemos el pleno desarrollo de las individualidades y potencialidades de cada uno y cada una. ¡Escuchémoslas!

Cada hombre somos una revolución interior pendiente.
Carles Fons Poquet