Lentoperoviene

¿Crónica de un pacto no enunciado?

Uno de los aprendizajes que voy extrayendo de mi participación en política, en las nuevas condiciones del siglo xxi, es que la lectura de unas elecciones es tan diversa como opiniones políticas hay en juego. Es decir, que la lectura del resultado puede variar muchísimo en función de los parámetros ideológicos y políticos desde los que se haga, con la atomización de identidades políticas existentes. Y al final la lectura común es el resultado de la batalla por la hegemonía del discurso que se libra en los medios de comunicación y en las tribunas políticas.

La alegría de las izquierdas de este país por el hecho de haber frenado a la extrema derecha, que amenazaban con entrar en el gobierno con la complicidad de las derechas nacional-católica y neoliberal, esta justificada, pues la amenaza de retroceso era real, y sino miremos la experiencia andaluza.

Ahora bien, este hecho, y atendiendo al resultado de las elecciones generales, no ha de situarnos necesariamente en un horizonte de políticas progresistas para nuestro estado español. El que escribe, tiene clara su opción, un gobierno de izquierdas entre PSOE, Unidas Podemos y los partidos que representan la voz de nuestro estado plurinacional. Pero sucede que el que escribe no tiene la capacidad para decidir esta cuestión.

Es por esto que me atrevo a dibujar escenarios posibles, atendiendo al pasado reciente y a la correlación de fuerzas real (no parlamentaria) existente en nuestra sociedad.

No ha pasado ni un día de las elecciones y todavía con la resaca de éstas por las campañas y los esfuerzos realizados, ya se ha pronunciado el poder real (el IBEX35 y la CEOE) a propósito de qué tienen que hacer las fuerzas políticas sino quieren represalias (en forma de beligerancia económica, véase Grecia). Piden explícitamente un pacto entre PSOE y Ciudadanos. O lo que es lo mismo un “cordón sanitario” a Unidas Podemos para que no influyamos en el gobierno.

Llegadas a este punto y con la correlación de fuerzas parlamentaria existente, me surgen dudas que me gustaría compartir:
¿Pactará el PSOE con el partido valedor de los vientres de alquiler y la legalización de la explotación sexual de las mujeres, siendo que ha obtenido este resultado, en gran mesura, por el voto feminista contra Vox? Dicho de otra forma: El voto que ha sido depositado en urna huyendo de la derogación de las leyes que protegen a las mujeres (ley de igualdad, ley contra la violencia machista…), ¿puede ir a un pacto con la fuerza política que menosprecia de tal forma a las mujeres?
Me cuadraría el hecho de que no actuaran de forma tan torpe, atendiendo lo que supone el grito que se escuchaba en Ferraz la noche electoral de “Con Rivera, ¡no!”.

¿Esto significa que el PSOE se va a dirigir a Unidas Podemos para sellar un pacto en el que se ponga en el centro a la mayoría social? Me gustaría que la respuesta fuera afirmativa. Pero me da la sensación, por las declaraciones de personas relevantes de este PSOE y los titulares de prensa escritos que no va a ser a así. Y no va a ser así, porque vivimos tiempos en los que la ciudadanía hemos entregado la capacidad de evaluar a los partidos al relato mediático de las actuaciones de éstos, en vez de analizar y evaluar las políticas desarrolladas desde las instituciones.
Desgraciadamente veo más plausible que los hechos se desarrollen de forma parecida a la siguiente secuencia:

  • El PSOE sale a la palestra y dice que quiere gobernar en solitario. Los números no les dan y por tanto habrá de pactar, públicamente o de forma opaca, la sesión de investidura.
  • Dudo mucho que la posición de Unidas Podemos sea la de conceder cheques en blanco a una formación política que tiene parte de responsabilidad del avance del programa neoliberal en el estado español y en Europa. Yo no lo haría.
  • Por un lado, los medios responsabilizaran a Podemos por la “imposibilidad de implementar políticas sociales” y de la posibilidad de reeditar elecciones, bajo amenaza de aumento de la extrema derecha. Y por otro, el PSOE tendrá coartada argumental para dirigirse a Ciudadanos, sin la necesidad de formalizarlo en un pacto explícito (incluso interpretando posiciones contrarias en las tribunas políticas), y apelar al “sentido de estado” para que vote a favor de la investidura.
Año 2016. Pacto entre PSOE y Ciudadanos

Esta secuencia ya ha ocurrido en nuestro pasado reciente, no en lo relativo al contenido y momento político, pero si en relación al mantenimiento de una correlación de fuerzas favorable a los intereses del IBEX35. Y cabe señalar que en esa ocasión y a la vista de los resultados de estas elecciones, la estrategia de los medios de comunicación de atribuirle la responsabilidad del no pacto a Unidas Podemos ha triunfado.

Es posible que las intenciones veladas de las declaraciones de gobernar en solitario, sean las de escenificar un no pacto de gobierno con Ciudadanos y de facto atender a la llamada del IBEX35 via aprobación conjunta de leyes vía parlamentaria.

Todo esto ocurre bajo amenaza de que una reedición de las políticas del bloque social-liberal, que son las que vienen implementándose los últimos 40 años, no haría más que darle de comer a la extrema derecha, que se alimenta fundamentalmente de la falta de condiciones de vida digna de la mayoría social.

Es decir, que el PSOE salga a decir que quiere gobernar en solitario, es de una irresponsabilidad supina, más cuando ha ganado estas elecciones con el voto de quien huía de la extrema derecha.

Me gustaría equivocarme en mi desconfianza hacia el PSOE. Y aunque así fuera yo no me resigno.

Es por ello que pido altura política a las mujeres y hombres que hoy dirigen el PSOE, que sean valientes, que se desliguen de ataduras políticas y económicas con el poder real, que sean reflejo de sus votantes con sus políticas, no con sus discursos y miren a la izquierda de forma decidida para avanzar hacia una sociedad justa, igualitaria y en la que nos cuidemos entre todas y todos.

“Con Rivera, ¡No!”

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